sábado, 5 de diciembre de 2015

Bola de fuego. Instantes inmortalizados.

Era una mañana de septiembre, uno de los pocos días en que no tenía que madrugar, pero me levanté aún más temprano. Desayuné deprisa, me despedí de mi padre con una sonrisa de complicidad y salí corriendo. Me sentía como el día de Reyes, a la ansiosa espera de un gran regalo. Llevaba conmigo mi nueva cámara, que bamboleaba sobre mi hombro, aguzando la vista tras la línea del horizonte que el mar dibujaba. 

Water from the same source, Rachel's. Inspirada en la música minimalista, 
de pocas armonías que se repiten, posee una gran fuerza emotiva, una mezcla de melancolía, belleza y esperanza que las palabras no alcanzan a expresar.

Quería verlo desde aquella pequeña playa, con las grúas del muelle a lo lejos, aunque para eso tenía que caminar unos cuantos kilómetros y el tiempo se me venía encima. Y es que cuando quieres inmortalizar un instante del amanecer o del atardecer, te das cuenta del valor de cada segundo; pues cada uno, tan frágil y evanescente, posee una luz y color diferentes, como bien sabe el gran pintor Antonio López. 
Al principio el cielo estaba ligeramente rosado, pero no había rastro del sol. Hasta que vi, como jamás había hecho, una gran bola de fuego asomándose tras el mar. Allí detuve mi caminata, paralizada por la emoción y el agradecimiento. A modo de despedida de mi isla, quería fotografiar uno de sus amaneceres, pero esto lo superaba con creces. Y durante unos minutos intensos disfruté tras el objetivo del espectáculo tan impresionante que se me brindaba. Poco a poco, su color rojizo tornó en dorado y el cielo fue tomando sus tonalidades habituales, menos intensas, más soportables, fundiéndose con la cotidianeidad de un nuevo día como si nada mágico hubiera pasado. Pero yo sí lo vi.
 
Estas dos últimas son de un día de "calima", como llamamos a la nubecilla de arena y polvo de África. 
En concreto, las hice desde el coche, de camino al aeropuerto, despidiéndome de sus últimos paisajes por unos meses.

Notas
-Aún no manejaba la técnica a la perfección, por lo que las fotos tienen algunos fallos, pero aquí las dejo como testimonio de mis inicios y de ese gran momento. Después me he devanado los sesos y me he leído unos cuantos libros de fotografía para controlar todos los parámetros y ahora, podría decirse que me he hecho una mini experta!
-Todos los derechos de estas fotografías quedan reservados. 

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2 comentarios:

  1. Bellísimo post, un relato nostálgico que invita, a valorar lo que se vive.
    Bellas fotos, pronto serás una profesional, madera tienes!!
    Abrazos, Miriam. :-)

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    1. Muchísimas gracias, Encarni! :) Un gran abrazo.

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